EPÍSTOLA DE AMARILIS A BELARDO 1 Tanto como la vista, la noticia de grandes cosas suele las más veces al alma tiernamente aficionarla, que no hace el amor siempre justicia, ni los ojos a veces son jueces del valor de la cosa para amarla: mas suele en los oídos retratarla con tal virtud y adorno, haciendo en los sentidos un soborno (aunque distinto tengan el sujeto, que en todo y en sus partes es perfecto), que los inflama a todos y busca luego aficiosos modos, con el que pueda entenderse el corazón, que piensa entretenerse, con dulce imaginar para alentarse sin mirar que no puede amor sin esperanza sustentarse. 2 El sustentarse amor sin esperanza, es fineza tan rara, que quisiera saber su en algún pecho se ha hallado, que las más veces la desconfianza amortigua la llama que pudiera obligar con amar lo deseado; mas nunca tuve por dichoso estado amar bienes posibles, sino aquellos que son más imposibles. A éstos ha de amar un alma osada; pues para más alteza fue criada que la que el mundo enseña; y así quiero hacer una reseña de amor dificultoso, que sin pensar desvela mi reposo, amando a quien no veo y me lastima: ved qué extraños contrarios, venidos de otro mundo y de otro clima. 3 Al fin de éste, donde el Sur me esconde oí, Belardo, tus conceptos bellos, tu dulzura y estilo milagroso; vi con cuánto favor te corresponde el que vio de su Dafne los cabellos trocados de su daño en lauro umbroso y admirando tu ingenio portentoso, no puedo reportarme del descubrirme a ti, y a mí dañarme. Mas ¿qué daño podría nadie hacerme que tu valer no pueda defenderme? Y tendré gran disculpa, si el amarte sin verte, fuera culpa, que el mismo que lo hace, probó primero el lazo en que me enlace, durando para siempre las memorias de los sucesos tristes, que en su vergüenza cuentan las historias. 4 Oí tu voz Belardo: mas ¿Qué digo? No Belardo, milagro han de llamarte, Este es tu nombre, el cielo te le ha dado Y Amor, que nunca tuvo paz conmigo, te me representó parte por parte, más por oídos, cuya fortaleza en ti más que en sus fuerzas confiado; mostrose en esta empresa más osado, por ser el artificio peregrino en la traza y el oficio otras puertas del alma quebrantando, no por los ojos míos, que velando están en gran pureza: ha sido y es tan fuerte, que por ellos no entró sombra de muerte, que tales son palabras demandadas, si vírgenes las oyen, que a Dios han sido y son sacrificadas. 5 Con gran razón a tu valor inmenso consagran mis deidades sus labores; cuando manijan perlas en sus faldas: todo ese mundo allá te paga censo, y este de acá mediante sus favores, crece en riqueza de oro y esmeraldas. Potosí que sustenta en sus espaldas, entre el invierno crudo, aquel peso, que Atlante ya no pudo: confiesa que su fama te la debe; y quien del claro Lima el agua bebe sus primicias te ofrece, después que con sus dones se engrandece, acrecentando ofrendas a tus excelsas y admirables prendas: yo, que aquestas grandezas voy mirando, y entretenida en ellas, las voy en mis entrañas celebrando. 6 En tu patria Belardo, mas no es tuya, no sientas mucho verte peregrino, plegue a Dios no se enoje el Manzanares, por más que haga de su fama tuya; que otro origen tuviese más divino, y otra gloria mayor si la buscares, ¡oh, cuanto acertaras, si imaginares que es patria tuya el cielo, y que eres peregrino, acá en el suelo! Porque no hallo en el quien igualarte pueda, no solo en todo, mas ni en parte, que eres único y solo en cuanto miran uno y otro polo. Pues, peregrino mío, vuelve a tu natural, póngante brío, no las murallas que elevó tu canto en Tebas engañosas, mas las eternas, que te importan tanto. 7 Allá deseo en santo amor gozarte, Pues acá es imposible poder verte, Y temo tus peligros y mis faltas; tabla tiene el naufragio, y escaparte puedes en ella de la eterna muerte, si del frágil al divino saltas; las singulares gracias, con que esmaltas tus soberanas obras, con que fama inmortal continuo cobras, empléalas de hoy más con versos lindos en soberanos y divinos Pindos: tus divinos concetos allí serán más dulces y perfetos; que el mundo a quien lo sigue, en vez de premio al bienhechor persigue y contra la virtud apresta el arco con ponzoñosas flechas de la maligna aljaba de Aristarco. 8 Quiero, pues, comenzar a darte cuenta de mis padres y patria y de mi estado porque sepas quien te ama y quien te escribe bien sé que la memoria me atormenta, renovando el dolor, que aunque llorando, está presente y en el alma vive: no quiera Dios que en presunción estribe lo que aquí le dijere, ni que fábula alguna compusiere, que suelen causas propias engañarnos, y en referir grandezas halagarnos, que la filaucia engaña mas que no la verdad nos desengaña, especialmente cuando vamos en honras vanas estribando: de éstas pudiera bien decirte muchas; mas quédense en silencio, pues atento contemplo que me escuchas. 9 En este imperio oculto, que el Sur baña, más de Baco piadoso que de Alcides, entre un trópico frío y otro ardiente, adonde fuerzas ínclitas de España con varios casos y continuas lides fama inmortal ganaron a su gente, donde Neptuno engasta su tridente en nácar y oro fino; cuando Pizarro con su flota vino, fundó ciudades y dejó memorias, que eternas quedarán en las historias: a quien un valle ameno, de tantos bienes y delicias lleno, que siempre es primavera, merced del dueño de la cuarta esfera, la ciudad de León fue edificada, y con hado dichoso, quedó de héroes fortísimos poblada. 10 Es frontera de bárbaros y ha sido terror de los tiranos que intentaron contra su Rey enarbolar bandera: al que en Jauja por ellos fue rendido, su atrevido estandarte le arrastraron, y volvieron al Reino cuyo era. Bien pudiera, Belardo, si quisiera en gracia de los cielos, decir hazañas de mis dos abuelos que aqueste nuevo mundo conquistaron Y esta ciudad también edificaron, do vasallos tuvieron, y por su Rey su vida y sangre dieron: Mas es discurso largo, que la fama ha tomado ya a su cargo si acaso la desgracia de esta tierra, que corre en este tiempo, tantos ilustres méritos no entierra. 11 De padres nobles dos hermanas fuimos Que nos dejaron en temprana muerte, Aún no desnudas de pueriles paños El cielo y una tía que tuvimos, Suplió la soledad de nuestra suerte: con el amparo suyo algunos años huimos siempre de sabrosos daños: y así nos inclinamos a virtudes heroicas que heredamos; de la beldad, que el cielo acá reparte nos cupo, según dicen, mucha parte, con otras muchas prendas: no son poco bastantes las haciendas, al continuo sustento; y estamos juntas, con tan gran contento que una alma a entrambas rige y nos gobierna sin que haya tuyo y mío, sino paz amorosa, dulce y tierna. 12 Ha sido mi Belisa celebrada, que ése es su nombre, y Amarilis mío, entrambas de afición favorecidas; yo he sido a dulces Musas inclinadas, mi hermana aunque menor, tiene mas brío, al fin todas han sido merecidas con alegre himeneo. de un joven venturoso y que en trofeo a su fortuna vencedora palma alegre la rindió prendas del alma Yo siguiendo otro trato, contenta vivo en limpio celibato, con virginal estado a Dios con grande afecto consagrado, y espero en su bondad y en su grandeza me tendrá de su mano, guardando inmaculada pureza. 13 De mis cosas te he dicho en breve suma Todo cuanto quisieres preguntarme, Y de las tuyas muchas he leído; Temerosa y cobarde está mi pluma, Si en alabanzas tuyas emplearme Con singular contento he pretendido: Si cuanto quiero das por recibido. ¡Oh, que de ello me debes! Y porque esta verdad ausente pruebes, Corresponde en recíproco cuidado Al amor, que en mí está depositado. Celia no se desdeñe Por ver que en esto mi valor se empeñe Que ofendido en sus quiebras Su nombre todavía al fin celebras; Y aunque milagros su firmeza haga, Te son muy bien debidos, Y aún no sé si con esto tu fe paga. 14 No seremos por esto dos rivales, Que trópicos y zonas nos dividen, Sin dejarnos asir de los cabellos, Ni a sus méritos pueden ser iguales: Cuantos al mundo el cetro y el honor piden, De trenzas de oro, cejas y ojos bellos, Cuando enredado te hallaste en ellos, Bien supiste estimarlos Y en ese mundo y este celebrarlos, Y en persona de Angélica pintaste Cuanto de su lindeza contemplaste: Mas estoyme riendo De ver que creo aquello que no entiendo, Por ser dificultosos Para mí los sucesos amorosos, Y tener puesto el gusto y el consuelo, No en trajes semejantes, Sino en dulces coloquios con el cielo. Finalmente, Belardo, yo te ofrezco Un alma pura a tu valor rendida: Acepta el don, que puedes estimallo; Y dándome por lo que merezco, Quedará mi intención favorecida, De la cual habló poco y mucho callo, Y para darte más no sé si hallo. Déte el cielo favores, Las dos Arabias bálsamos y olores. Camboya sus diamantes. Tibor oro, Marfil Cefala, Persia su tesoro, Perlas los Orientales. El Rojo Mar finísimos corales, Balajes los Ceylanes, Áloe precioso Sarnaos y Campanes, Rubíes Pegubamba y Nubia algalia, Amatistas Rarsinga Y prósperos sucesos Acidalia. 16 Esto mi voluntad te da y ofrece y ojalá yo pudiera con mis obras hacerte prendas de mayor estima: mas dionde tanto se merece, de nadie no recibes, sino cobras lo que te debe el mundo en prosa y rima. He querido, pues viéndote en la cima del alcázar de Apolo, como su propio dueño, único y solo, pedirte un don, que te agradezca el cielo, para bien de tu alma y mi consuelo. No te alborotes, tente, que te aseguro bien que te contente, cuando vieres mi intento, y sé que lo harás con gran contento, que al liberal no importa para asirle, significar pobrezas, pues con que más se agrada es con pedirle. 17 Yo y mi hermana, una santa celebramos, cuya vida de nadie ha sido escrita, como empresa que muchos han tenido: el verla de tu mano deseamos; tu dulce Musa alienta y resucita, y ponla con estilo tan subido que sea dondequiera conocido y agradecido sea de nuestra santa virgen Dorotea. ¡Oh, qué sujeto, mi Belardo, tienes con que de lauro coronar tus sienes, podrás, si no emperezas, contando de esta virgen las grandezas, que reconoce el cielo, y respeta y adora todo el suelo: de esta divina y admirable Santa su santidad refiere, y dulcemente su martirio canta! 18 Ya veo que tendrás por cosa nueva no que te ofrezca censo un mundo nuevo, que a ti cien mil que hubiera te le dijeran; mas que mi Musa rústica se atreva a emprender el asunto a que me atrevo, hazaña que cien Tassos no emprendiera, ellos, al fin, son hombre y temieran; mas la mujer, que es fuerte, no teme alguna vez la misma muerte. Pero si he parecídote atrevida, a lo menos parézcate rendida, con fines desiguales Amor los hace con su fuerza iguales: y quédote debiendo no que me sufras, mas que estés oyendo con singular paciencia mis simplezas, ocupado continuo en tantas excelencias y grandezas. 19 Versos cansados, ¿qué furor os lleva a ser sujetos de simpleza indiana y a poneros en brazos de Belardo? Al fin, aunque amarguéis, por fruta nueva, os vendrán vuestro gusto bronco y tardo; el ingenio gallardo, en cuya mesa habéis de ser honrados, hará vuestros intentos disculpados: navegad, buen viaje, haced la vela guiad un alma, que sin alas vuela.